Sunday, June 11, 2006

AMENAZA TERRORISTA EN CANADA

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

Se siente diferente... ver noticias de ataques o amenazas terroristas en cualquier otro lado, que conocer de la existencia de un mundo subterráneo, invisible, que se está desenvolviendo a nuestros pies, y que en cualquier momento, el medio de transporte que utilizamos o nuestro lugar de trabajo constituyen un objetivo real de un ataque terrorista.

La detención en Toronto de 17 personas -la mayoría, muy jóvenes-, presuntamente integrantes de una “célula terrorista” inspirada en el grupo extremista Al Qaeda, sacudió a los canadienses y al mundo. En el mayor despliegue policiaco de que tenga conocimiento este país, se confiscaron 3 toneladas de un fertilizante que puede tornarse fácilmente en un potente explosivo; material similar al usado en el ataque en la Ciudad de Oklahoma, pero el triple de la cantidad utilizada entonces.

Aún existe incredulidad respecto a la veracidad de estos hechos, pues parece inconcebible que Canadá pueda ser un país odiado por alguna otra nación o grupo étnico; por el contrario, existe la certeza de que es una nación pacifista, con una sociedad multicultural y altamente tolerante.

Sin embargo, la presencia de fuerzas armadas canadienses en Afganistán, parece ser la probable causa de este suceso, que al empezar a desmenuzarse indica que ciudadanos canadienses de origen musulmán han venido organizado “células terroristas” y que preparaban un importante ataque contra reconocidos sitios de gran importancia económica y política, tanto en Toronto como en Ottawa; incluyendo la intención de asesinar al Primer Ministro, Stephen Harper.

Las fronteras se han cerrado para extranjeros que presumiblemente representan un gran riesgo para la seguridad nacional, de igual manera se evita el paso de sustancias peligrosas y armas. Sin embargo, las ideas no tienen límites, menos aún en un mundo de alta tecnología de telecomunicaciones, que ha generado flujos –a veces indeseados- de conceptos y creencias extremistas.

De acuerdo con la información dada a conocer hasta ahora, ninguno de los implicados en esta presunta “célula terrorista”, proviene directamente de las filas de Al Qaeda, pero se habla incluso de un campo de entrenamiento terrorista, que ha sido erigido a partir de la información disponible por Internet.

La pregunta forzosa es ¿qué razones pueden mover a un cierto grupo de inmigrantes o hijos de inmigrantes a desarrollar un odio tan profundo contra Canadá?

¿Ha fallado el gobierno, la sociedad o los padres? ¿Se trata de jóvenes enajenados, que han convertido en héroes a criminales, producto incluso de la sobre-exposición de los mismos en los medios masivos?

Tales planteamientos pasan a segundo nivel, ante la cuestión de la seguridad nacional.

No sabemos si esta noticia ha cambiado radicalmente la sensación de seguridad en Canadá y sus efectos en la economía, comenzando por el turismo. Lo importante es no esperar a que un ataque terrorista realmente ocurra, para tomar conciencia de ello. Tampoco se desea “aprender a vivir con eso”, como lo hizo hace mucho tiempo España –y que hasta hace poco terminó-, o los países latinoamericanos, con ciudades donde la violencia urbana mata más gente que cualquier ataque terrorista (caso de Cali o la Ciudad de México).

Los cuerpos policíacos y de inteligencia, así como las autoridades encargadas de la política internacional, tienen mucho que trabajar y resolver, pero de parte de la sociedad ayudaría tomar un poco de conciencia, sensibilidad e incumbencia, con el propósito de mantener una cultura de tolerancia, seguridad, inclusiva, respetuosa, en la que todos podamos llevar a cabo nuestros proyectos de vida y, sencillamente, vivir en paz.

España ofrece un ejemplo muy interesante… Tras el trágico ataque a su sistema de transporte público en Madrid, el 11 de marzo de 2004, justo antes de ir a elecciones presidenciales, la estrategia fue más que efectiva; los terroristas mandaron la más severa advertencia a los españoles respecto al papel que estaban jugando apoyando los despliegues militares de Estados Unidos en Irán y Afganistán.

Las tendencias electorales cambiaron de la noche a la mañana y, tras el triunfo de Zapatero sobre Aznar, la primera acción del nuevo gobierno fue el retiro de sus tropas del conflicto en Medio Oriente. Sin olvidar las manifestaciones masivas del pueblo español en repudio a lo sucedido, exigiendo coherencia y respeto a la voluntad popular de parte de sus autoridades.

Como resultado de esta dolorosa experiencia y un revés político, primero interno, luego a nivel internacional, España recuperó su paz social, habiendo pagado el alto precio de la muerte de cientos de ciudadanos inocentes, que nada tenían en absoluto qué ver con la política exterior de su país.

Es altamente recomendable escuchar lo que otros dicen de nosotros, como ciudadanos, como nación, como cultura; a veces preferimos conformarnos con la propia opinión, aunque los efectos externos muestren algo totalmente desagradable.