Sunday, December 14, 2008

Bringing Heat to the North

(Posted in The Canadian Newcomer magazine)
By Sergio Granillo


Every culture can be identified by their cooking, some have been so powerful that transcend time and geographical barriers, becoming a sort of universal heritage. Among the newest tastes added to the world menus are burritos, nachos and tortillas; born in the aboriginal Mexican kitchens more than 500 hundreds years ago.

Canada has probably the most complete international cuisine, due to the presence of immigrants from all around the world.

The most popular ‘flavors’ in Toronto are Chinese, Greek, Indian, Italian, Thai and Portuguese. Huge difference with the United States, here you can find truly original ethnical cuisine, not only fast food. Hundreds of small restaurants are located in the numerous neighborhoods of Toronto, offering the real taste of their cuisines.

No more than 20 years ago, the Spanish word ‘burrito’ (meaning literally ‘little donkey’), meant nothing in North America, now is part of their meals; and more recently incorporated to the Canadian daily vocabulary.

The story of the adoption of these new meals in the international scene is linked to the growing presence of Mexicans in the United States. When moving to another country, one of the strongest things that you miss from home is the food. For Mexican immigrants, American food was mostly hamburgers and hot dogs, with a dull taste for people used to a wide variety of dishes and the addition of very spicy hot chili peppers.

In poor neighborhoods, Mexicans begun cooking their own meals, with the ingredients required to prepare them brought by themselves in their journeys. Tortillas, made out of corn, need a type of corn very different in taste to the American corn –more yellow and sweeter-.

Burritos started to be cooked in 1840’s in small towns in Mexico, as the main food of mine workers. In the first decades of the 1900’s, some restaurants in San Francisco, California (US), started to offer this ‘new’ wrapped tortilla with rice, beans and meat (later added sour cream and guacamole). Nowadays, even astronauts of NASA eat them in space, for being easy to manipulate.

Mexican population grew in America, becoming an important market for several industries; some fast food franchises copied the easy to grab- meal, and offered it first to Mexican consumers, later to anyone. Big fast food franchises started to include burritos and tacos in their menus. It was the beginning of the adoption of Mexican snacks in the list of favorites meals in North America. Ironically, Mexicans have never liked that taste, ‘so American, not the real thing’.

Based on an ancient recipe, the base of these meals is the ‘tortilla’, which literally means ‘small torta (cake). It is a flat round unleavened bread, made from corn or wheat flour; very similar to French crepes or Greek gyros. The ‘taco’ is a wrap made with tortilla filled with meat, pork or chicken, adding sometimes chopped onion, cilantro, hot sauce and lime.

Every traditional neighborhood in Mexico has at least one ‘tortilleria’, a place where tortillas are made. Street eateries in small mobile stands, known as ‘puestos de tacos’, is a big tradition in Mexico, part of the urban landscape. People gather around them in lunch time or at night, standing up, to eat tacos. After night parties or late movies, youngsters know where to find a ‘taqueria’ that opens late.

‘Nachos’ are another contribution to North American menus from the Mexican cookbook. Nachos are chips maid out of fried tortillas, can be eaten plain or served with cheese and spicy sauce. Many movie theatres in North America, included Canada, offer nachos in their snack bars. It is interesting to see on TV, commercials that announce nachos; they say that some of them are prepared with a very Mexican hot pepper, which actually is not pronounced ‘jalapeno’, but ‘jalapeño’ –it is said in the add-.

It is good to be able to taste such a variety of traditional meals from around the globe in the different neighbors of Toronto, and in many restaurants in Canada.

Little by little, some grocery stores are starting to sell some of the basic Mexican products, among the most popular: nachos chips, flour tortillas, fried beans, guacamole (avocado sauce) and hot sauces.

Not pretending to compete, just a peculiar thing that happened… In the famous Greek street festival of Toronto, ‘Taste of the Danforth’, there was banner saying ‘Gyros - the ‘Greek burrito’.

(http://www.cnmag.ca/current-issue)

Saturday, December 13, 2008

INDUSTRIA AUTOMOTRIZ, LA CAIDA DEL IMPERIO

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

Por décadas, la industria automotriz de los Estados Unidos se convirtió en el motor del desarrollo en varias naciones y pionero de la globalización económica. Esta industria fue la primera en usar componentes fabricados en distintos países, empezando a perfilar nuevas formas de producir y comercializar a nivel mundial.

Si la Revolución Industrial en Inglaterra en el siglo XIX se distinguió por el nacimiento de la producción masiva de mercancías y la apertura de mercados en todo el planeta; la revolución generada por la industria automotriz americana desde mediados del siglo XX, dio pie a la estandarización de procesos de producción en todo el mundo.

La industria automotriz extendió las líneas de producción fuera de las fronteras nacionales. Los componentes son producidos en multitud de plantas distribuidas alrededor del mundo. Se crearon sectores enteros especializados en cada parte del vehículo; los fabricantes de llantas, espejos, motores, sistemas de suspensión, frenos, aires acondicionados, asientos, radios, escapes, etc.

Contando con un mercado altamente demandante, era necesario mantener esta ‘línea virtual de producción global’ funcionando 24/7, incluso eliminando el concepto de inventarios.

Todas las empresas encargadas de fabricar las partes del vehículo, sin importar en qué país se encontraban, tenían que operar con la misma eficiencia y calidad. Los americanos desarrollaron el concepto de Calidad Total y Mejora Continua, y más tarde adoptaron de la Unión Europea, los estándares mundiales de producción ISO 9000.

Como un reloj sincronizado en todo el planeta, las empresas localizadas en Asia, Europa, América o Medio Oriente, se mantenían activas día y noche; cada una elaboraba sus productos con perfiles milimétricamente exactos y eran enviados por mar, tierra o aire a las ensambladoras, con una exactitud en tiempos, que las piezas y los vehículos terminados no duraban ni horas en los almacenes.

Una de las premisas de la globalización es que no hay distancias geográficas, se abren plantas productivas en cualquier lugar en el mundo donde la mano de obra sea, aceptablemente calificada, y barata.

Esto concedió un poderío sin fronteras para las tres grandes armadoras americanas, que impusieron sus condiciones a cualquier país donde abrían plantas; los gobiernos se peleaban por ellas; ofreciendo terrenos gratuitos, exención de impuestos; lo que pidieran, con tal de abrir esta enorme máquina generadora de miles de empleos bien pagados.

Quizá falta de visión o simple arrogancia, hicieron que los tres grandes fabricantes de autos, no se dieran cuenta de los cambios en los mercados globales... Lo que empezó como un asunto insignificante está aniquilando la industria automotriz americana: La eficiencia energética y la conciencia ecológica. Y la falta de justicia laboral en su plantilla laboral.

El motor que hizo crecer a esta industria, una demanda sin fronteras, gasolina disponible a cualquier precio, es ahora su enemigo. Tras romper récords en lo alto de su precio, la gasolina ha visto una caída en picada, igual que la demanda de vehículos...

Esos automóviles enormes y de alto consumo han sucumbido a la competencia global de armadoras europeas y asiáticas, que tomaron conciencia de las necesidades del mercado, por autos más pequeños, con un consumo más eficiente de gasolina y que dañen menos el ambiente.

Usando la bandera del miedo, como siempre, las armadoras americanas de autos, como los bancos, afirman a los pueblos y sus gobiernos, que de no rescatarlos de la quiebra, todos nos hundiremos.

Pero en un mercado abierto a la competencia, gana el más fuerte, el más eficiente, el mejor… ellos ya no lo son. ¿Por qué no aprovechar esa infraestructura para la competencia, vender partes a aquellas compañías que si son eficientes y competitivas? Lo importante es generar empleos, no proteger empresas ineficientes. Y no tienen que ser americanas, eso es historia…

¡Viva el rey, muera el rey!

(http://www.elcorreo.ca/ )

Friday, December 05, 2008

COMPETENCIA LABORAL DESLEAL

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

Leía un artículo acerca de nuevas regulaciones en la Provincia de Ontario que pondrían en aprietos a los nuevos inmigrantes. Todo parecía coherente, pero me topé con algo que no tenía sentido, incluso pareciera una frase completamente alterada dentro del contexto de la nota…

Una inmigrante, citada en este artículo, afirmaba que las nuevas generaciones de canadienses (nacidos aquí), tenían mayores estudios, estaban más preparados y hacían mucho más competido el mercado laboral para los que veníamos de fuera.

Yo mismo soy un inmigrante, tengo poco más de tres años viviendo en Toronto y en la compañía para la que trabajo, se dice la más grande del país, no dejo de darme cuenta de la falta de conocimiento del personal, la designación de posiciones por cuestiones de simpatía no por resultados o capacidad.

Como inmigrantes, la mayoría entramos a Canadá como ‘skilled workers’, y para obtener la residencia, es indispensable presentar acreditación de estudios universitarios y un mínimo de años habiendo ejercido la profesión, además del dominio de al menos uno de los dos idiomas oficiales.

La mayoría de personas nacidas en Canadá, país oficialmente bilingüe, no hablan más de un idioma, pues o bien dominan el inglés o el francés; y quizá los francófonos sean más presionados a aprender la lengua de Shakespeare, que los angloparlantes a entender mínimamente el idioma de Voltaire.

Las empresas no conocen las modernas teorías de administración, no han oído hablar de procesos de aseguramiento de calidad y viven encerradas en una burbuja cultural. Algo que opera en el mundo hace décadas, conocido como ‘bench marking’, se desconoce aquí. Para competir es necesario evaluar lo que se hace localmente y compararlo con los mejores a nivel internacional. Eso no ocurre en Canadá, en su lugar, se pide ‘Experiencia Canadiense’.

De igual modo que entre empresas a nivel internacional, en el mercado laboral, debería haber una competencia más honesta. Un mercado laboral basado en simpatías y no en habilidades, no tiene futuro. Se está perdiendo todo lo que los inmigrantes pueden aportar a Canadá.

Por esta razón, me parece incorrecto afirmar que los nuevos inmigrantes tenemos un gran reto frente a nosotros pensando, que por haber nacido y estudiado en Canadá una persona automáticamente es mejor que nosotros o está mejor preparado para desempeñar un puesto.

Al contrario, los canadienses con más visión, reconocen en la multiculturalidad un factor decisivo para hacer a Canadá un país más competitivo a nivel mundial. Tener profesionistas entrenados en otros países permite a las empresas canadienses aprovechar mejor nuevas relaciones comerciales con otras naciones. Lo cual es decisivo para transitar la recesión económica mundial que parece avecinarse.

Debemos rechazar actitudes racistas y discriminatorias en el mercado laboral, pues al final del día la economía canadiense será la más afectada. Que sea el mejor preparado, el más dedicado, el más responsable el que obtenga el empleo o la promoción. Sólo así se podrán mantener más fuentes de empleo.

Un poco de justicia laboral es lo que hace falta para mantener una empresa y una economía a flote. Esa es una diferencia básica entre la ‘economía real’ y el mundo especulativo de las finanzas, que está demostrando no sólo su volatilidad, sino su falta de ética, y el riesgo para la viabilidad de la economía mundial.


* Periodista mexicano
(http://www.elcorreo.ca)