Sunday, August 13, 2006

MÉXICO: ¿MAYORIA SILENCIOSA O GOBIERNO SORDO?

Por Sergio Granillo
(Publicado en El Correo Canadiense)

Por décadas en México y en casi toda Latinoamérica se ha hablado de “la mayoría silenciosa”, refiriéndose a pueblos que lejos de gozar de una verdadera democracia, tratan de hacerse escuchar con esporádicas e inútiles expresiones de inconformidad.

La crisis política en la que está hoy hundido México presenta tres frentes de lucha: en el primero están los dos contendientes presidenciales, el perredista Andrés Manuel López Obrador y el oficialista Felipe Calderón; en el segundo frente están sus seguidores, los acarreados que son como la “carne de cañón” y los “pescadores de puestos y favores”; en el tercer frente está esa “mayoría silenciosa” que realmente no sabe quien ganó.

Dentro del primer frente, los actores del conflicto están librando su lucha de una manera extra legal, como diría Maquiavelo, “el fin justifica los medios”; ninguno ha obrado con integridad, ambos quieren el poder para beneficiarse de él.

Calderón es un personaje oscuro, sin liderazgo, pero encarna la continuidad del grupo foxista, en el que únicamente se han beneficiado algunos de los llamados neopanistas, constituidos por líderes de cámaras empresariales, que una vez ganado el puesto político, han dado la espalda a la clase empresarial; representa también los intereses del clero católico –uno de los más fuertes para el Vaticano, por la cantidad de “limosnas” que ingresan a sus arcas-; y por supuesto es el más conveniente para los intereses de los Estados Unidos.

López Obrador es un poderoso líder de las masas empobrecidas e ignorantes, en el mejor estilo populista heredado de los priistas, que por un lado ofrece las mieles de un régimen socialista a la “raza”, pero debajo de la mesa negocia la entrega de cuanto queda a su cuidado con importantes empresarios.

Dentro del segundo frente, un nutrido grupo de pensadores y artistas mexicanos quieren ver en López Obrador el “campeón sin corona”, figura idealizada en la cultura mexicana, ya que en contiendas deportivas, en las telenovelas mexicanas –de poderosa influencia en la mentalidad popular- y en las contiendas políticas, el “bueno de la historia” siempre es despojado de sus “legítimos derechos” por “el malo” de la historia, que suele ser rico y poderoso, símbolo del sistema.

Hablando de “el sistema” (político mexicano), ése que construyó y ostentó por más de 70 años el PRI, ya no existe, como quedó demostrado por sus rotundos fracasos electorales y la traición de la lidereza sindical del magisterio y algunos gobernadores priistas, que buscando espacios de supervivencia en el futuro, entregaron sus “votos duros” al PAN.

Otro nivel de este segundo frente están, los acarreados y simpatizantes que engrosan las manifestaciones de López Obrador y “ciber-manifestantes” clase medieros que se han dado a la tarea de promover el voto anti-Peje por Internet.

En el tercer frente, la mayoría silenciosa, que a más de un mes de concluida la jornada electoral, sigue desconcertada entre los dimes y diretes de la pugna del poder, el pueblo de México que lucha cada día por sobrevivir en una economía devastada.

No existen órganos ciudadanos, porque los políticos mexicanos, no quieren escuchar al pueblo, se valen de él, para su beneficio personal. Ni el IFE, ni la Comisión de Derechos Humanos, ni las mil comisiones de transparencia, son dirigidas verdaderamente por ciudadanos; los tribunales y jueces en México ostentan uno de los mayores niveles de corrupción a nivel mundial, según datos de Transparencia Internacional; los diputados, sólo respaldan y obedecen los intereses de sus partidos, no ejercen la representatividad para la que fueron elegidos.