Friday, December 08, 2006

A RIO REVUELTO… GANANCIA DE PESCADORES

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

La opinión pública mexicana está confundida. Las debatidas elecciones presidenciales, el exhibicionismo del candidato perdedor, la falta de liderazgo del candidato ganador y una gris sucesión presidencial “por la puerta de atrás”, son las causas.

Ya hay un nuevo Presidente de la República, pero algunos ciudadanos -no se sabe a ciencia cierta cuántos- consideran que es ilegítimo, y apoyan al candidato perdedor, Andrés Manuel López Obrador.

Esto no sería grave si el aparato político mexicano estuviera sólido y funcionando. Lamentablemente, no es así.

El PAN sacó al PRI de Los Pinos (residencia presidencial) después de 70 años de gobierno, pero no ha sido capaz de reconstruir el edificio político que se desmoronó; el país está quedando a merced de pequeños feudos de poder…

En teoría, el poder en México reside en tres entes, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Durante el “Priato”, el Ejecutivo federal dominaba a todos los demás y sus decisiones se cumplían hasta los más lejanos rincones del país. Con autoritarismo, pero el país funcionaba.

El Poder Judicial está en la oscuridad, plagado de jueces y magistrados corruptos –como Transparencia Internacional lo ha señalado-. El Poder Legislativo está dividido entre oficialistas (PAN) y rebeldes (PRD), con un PRI buscando al mejor postor para inclinar la balanza, a la hora de aprobar presupuestos y leyes. Esto deja maniatado al Ejecutivo, sin autoridad, ni rumbo.

Los gobernadores mantienen hasta donde se puede el control de sus entidades, aunque algunos han venido solicitado la intervención de la fuerza pública federal para mantener el orden; tal es el caso de todos los estados fronterizos y del Sur Este del territorio. Pero, casi como los diputados, unos apoyan al Presidente, otros solo lo toleran…

Con una fuerte campaña mediática y un sólido respaldo del gobierno de los Estados Unidos, se ha tratado de proyectar una imagen de legalidad, democracia y estabilidad que no existen.

Ni las promesas de Calderón, ni las de López Obrador, se pueden cumplir. Del segundo, porque no tiene control alguno sobre el presupuesto público, como solía tenerlo como alcalde de la Ciudad de México.

Lo malo es que el Presidente oficial tampoco está en condiciones de llevar acabo sus promesas. Aun contando con los recursos públicos, los cambios presupuestales dependen del Congreso, sobre el cual no tiene ningún control. Además su gabinete es en esencia el mismo que formó Fox.

El gabinete de Fox fracaso rotundamente, nunca hubo un plan o un proyecto de gobierno. ¿Cómo espera Calderón hacer algo por el país habiendo reciclado a ese grupo de gente sin capacidad, sin visión y sin interés? Fox culpó todo su sexenio al Congreso de haber entorpecido sus reformas “estructurales”, ahora hay menos posibilidades de lograrlo.

Ojalá y la desaparición de López Obrador del escenario político, fuera la solución, pero no lo es.

Reza un viejo refrán: “A río revuelto, ganancia de pescadores”; la pregunta es ¿quién se beneficia de la presente situación de caos y desconcierto en México?