Thursday, April 27, 2006

MITOS SOBRE LOS INMIGRANTES “ILEGALES”

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

La moneda sigue en el aire acerca de la legalización o no de los más de 12 millones de hispanos ilegales en los Estados Unidos, y ahora la lucha ha pasado de las calles a los discursos políticos.

El problema es que existe una gran ignorancia acerca de la realidad de estas personas, cuya lucha no es reciente, sino que lleva gestándose más de 20 años. Dos son los grandes mitos acerca de los “ilegales”…

Primero, el apelativo de “ilegales”, refiriéndose a que entraron al país o permanecen en él sin una visa que avale su estancia. La realidad es que –a diferencia de Canadá- no existe en Estados Unidos un esquema de inmigración abierta, no hay visas para cualquier profesionista que desee entrar legalmente al país y buscar un trabajo, ni siquiera para los mexicanos, a pesar de que eso se contempla dentro del NAFTA.

Existen visas de trabajo, pero son como aquel acertijo de “¿qué fue primero, la gallina o el huevo?” Para que la embajada otorgue una visa de esa categoría es requisito sine qua non tener una oferta de trabajo de una empresa estadounidense demostrando que nadie más en el país puede desempeñar ese trabajo.

Aplicar a un empleo por Internet desde fuera de Estados Unidos, exige al candidato contar ya con una visa de trabajo, a veces incluso para que evalúen un currículo; lo mismo ocurre si uno va a los Estados Unidos –entrando legalmente- y acude personalmente a una empresa a buscar trabajo.

Existen casos de personas que obtienen ese tipo de visas, aún las del NAFTA, pero son muy pocos, y no tienen nada que ver con el mercado laboral de obreros y gente del servicio ni campesinos.

Tan sólo tratar de conseguir una visa de turista desde algunos países de América Latina, es una tarea casi imposible, por lo discrecional que es, sobre todo desde el ataque terrorista del 11 de Septiembre.

El segundo mito es el fiscal, que descalifica a los indocumentados por que “no pagan impuestos”. Resulta irónico que se diga eso, cuando los inmigrantes están exigiendo su reconocimiento legal, lo que implica asumir responsabilidades fiscales y, claro, recibir mejores sueldos y tener garantías ciudadanas.

Existen dos tipos básicos de impuestos, los que gravan el ingreso y los que gravan el consumo. Por el solo hecho de consumir productos y servicios en el territorio norteamericano, ya están pagando impuestos, y además representan un importante mercado para las compañías gringas; son consumidores, son clientes.

Los “ilegales” envían alrededor de 38 mil millones de dólares en remesas a México y otros países de Centro y Sudamérica, lo que implica que en los Estados Unidos ellos gastan por lo menos otro tanto. Su presencia, ilegal o no, es real y resulta un creciente mercado, que va desde ropa y alimentos, hasta bienes raíces y servicios financieros.

Por lo que se refiere al impuesto al ingreso, el trabajador ilegal es responsable en parte, pero comparte esa culpabilidad con su patrón, pues es él quien tiene la obligación de reportar a la autoridad la presencia del personal que está generando para él riqueza a partir de su trabajo; el mayor evasor de esos impuestos es el empleador, no el empleado, que además paga sueldos por debajo de los estándares legales y sin prestaciones.

La ley es un instrumento imperfecto, con vacíos y contradicciones, muchas veces rebasada por la evolución de las necesidades sociales; por eso existen los juicios y jueces que evalúan la correcta aplicación de las normas. Para eso también existen legisladores, que son electos por distintos grupos sociales para representar sus intereses e ir poniendo al día el cuerpo normativo de una nación.

El carácter de ilegalidad es transitorio y se mueve por intereses políticos y circunstancias históricas, lo que hoy es legal, mañana puedo ser ilegal, o viceversa. No olvidemos casos extremos como la Santa Inquisición, el Apartheid o los regímenes totalitarios, que en su momento fueron totalmente legales, para ser luego repudiados y acaban transforman a sus líderes y seguidores en criminales.

Hay otros mitos, como el supuesto riesgo que representan los “ilegales” para la seguridad americana, pero ellos saben que los extremistas musulmanes que secuestraron los aviones y derrumbaron las Torres Gemelas entraron legalmente a Estados Unidos, algunos incluso por la frontera con Canadá.

Es una vergüenza para los gobiernos de Latinoamérica que han propiciado las condiciones que expulsan diariamente a miles y miles de personas que arriesga su vida huyendo de la miseria, la corrupción y la falta de oportunidades; prefiriendo entrar a Estados Unidos para ofrecerse como sirvientes o empleados en condiciones de abuso, lo que a fin de cuentas es mejor que lo han dejado atrás.

Monday, April 03, 2006

“WE ARE AMERICA”: EL GRITO INMIGRANTE

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo


“We are America”, “proud to be immigrant”, “a day without Latinos”, y “I am not a criminal”, se leía en sus pancartas de cientos de miles de inmigrantes ilegales que tomaron las calles de importantes ciudades de Estados Unidos, marchando contra una propuesta de ley que los convertiría en criminales;

Desde el viernes 24 de marzo y por varios días, se sucedieron en Los Angeles, Phoenix, Chicago, Atlanta, Milwaukee, New Jersey y Cleveland, multitudinarias manifestaciones de inmigrantes latinos, exigiendo una amnistía que legalice su estatus en Norteamérica, y en contra de una propuesta de ley que afectaría a más de 11 millones de personas.

Al menos 500 mil manifestantes desfilaron por las calles de manera pacífica, cargando banderas americanas, banderas de sus países de origen -principalmente de México-, y el simbólico estandarte de la Virgen de Guadalupe.

El uso de símbolos y la logística de estas manifestaciones masivas, nos hablan de la existencia de líderes y de un “conciencia de clase”; no se trata de grupos dispersos, sino un estrato social presente en casi todo el territorio, capaz de responder a un llamado para formar un frente común y exigir el respeto a sus derechos. Los inmigrantes indocumentados ya son parte de Estados Unidos, de su sociedad, su economía y su cultura.

¿Se van o se quedan? Esa es la cuestión, y dos las alternativas: El peor escenario es que pase la propuesta de ley HR 4437 convirtiendo a los inmigrantes ilegales en delincuentes; esto podría devenir en una deportación masiva, generar enfrentamientos violentos, el uso de la fuerza armada y la eventual creación de una especie de GESTAPO americana, que premie a soplones por denunciar a ilegales, sin mencionar los efectos económicos que esto traería para Estados Unidos.

La otra opción, la amnistía, tampoco parece ser el mejor escenario, porque primero se tendría que reforzar la amplísima franja fronteriza con una eventual militarización; pues legalizar inmigrantes, atraería a multitudes de personas allende el Río Bravo.

Una tercera alternativa, pudiera ser mantener el estado de cosas, o sea, ningún cambio.

Las millones de personas que viven y trabajan en los Estados Unidos sin documentos legales han arriesgado sus vidas para llegar ahí, huyendo de la miseria y la falta de oportunidades en los países de América Latina. Se encuentran totalmente desamparados, les son negados todos sus derechos humanos…

Los gobiernos de las naciones de donde provienen, principalmente México, les han dado la espalda. Han fallado en materia de desarrollo económico, y desconocen que las remesas que envían estas personas a sus familias, se han constituido en pilares de sus economías; y además guardan ominoso silencio.

Antes de la cumbre entre Vicente Fox, George Bush y Stephen Harper celebrada en Cancún, -indican reportes periodísticos en Canadá-, Fox se comunicó con Harper pidiéndole que amplíe el programa de inmigrantes para mexicanos, pidiendo empleo a obreros, meseros, y otros trabajos de bajo ingreso y duro ejercicio, y no sólo para campesinos.

Con una carga de intolerancia, xenofobia e ignorancia, muchos ciudadanos americanos exigen que se saque del país a los ilegales, pues están violando la ley. Ignoran que es poco menos que imposible inmigrar de manera legal a los Estados Unidos, son contados los casos en que se puede conseguir una visa temporal de trabajo; tan sólo solicitar una visa de turista para los mexicanos implica someterse a humillaciones de parte de los cuerpos diplomáticos. Muy distinto el caso de los programas migratorios que tiene Canadá, que sin ser perfectos, sí dan opciones a las personas que desean inmigrar a este país.

Los extremistas americanos exigen que salgan de su país los “criminales”; no se dan cuenta que en las principales ciudades fronterizas de los Estados Unidos viven como magnates muchos de los líderes del tráfico de drogas, pero a ellos no se les niegan papeles, al contrario, se les trata como empresarios. Los pobres que llegan a ofrecer mano de obra barata y competente, lejos de que se les trate como empleados, podrían ser catalogados como criminales.

Hacer cumplir la ley, en este caso, no tiene nada que ver con hacer justicia.

Y me parece que los inmigrantes “ilegales” se van a quedar en Estados Unidos a cualquier precio, por las buenas o por las malas, porque ya son parte de esa nación y porque no tienen a donde regresar; y como dicen los “gringos”, ellos tendrán que aprender a vivir con eso.