Monday, August 22, 2005


Famliy@TO Posted by Picasa

IMPORTANDO VICIOS LABORALES

(Publicado en El Correo Canadiense)

Por Sergio Granillo


Recientemente se dio a conocer la existencia de un amplio ‘mercado negro laboral’, donde predominan hispanos ilegales, que son víctimas de la explotación de empleadores que abusan de su status y los mantienen amenazados con denunciarlos a las autoridades de migración.

Empresas de limpieza y constructoras son las que predominan; imitando los esquemas laborales de los Estados Unidos, aprovechan la creciente necesidad de empleo en Lationamérica, y contratan ilegales con sueldos muy por debajo de los estándares del mercado laboral, sin prestaciones y aún los obligan a trabajar sin paga alguna o como « voluntarios » por varios meses.

El fenómeno de la migración ha crecido exponencialmente, los vecinos del sur, es decir la Unión Americana está siendo rebasada por este fenómeno, realmente es algo tolerado debido a las ventajas de mano de obra barata, que siempre ha sido la esencia del capitalismo; además, contratar gente altamente necesitada sin adquirir compromisos con ellos y ofreciéndoles las labores que los co-nacionales no quieren hacer, es conveniente para todos…

Por desgracia, en comparación con las condiciones y las perspectivas económicas que predominan en amplios sectores sociales de los países al sur del Río Bravo, los empleos mal remunerados y sin prestaciones en países como los Estados Unidos y ahora Canadá, resultan mejor opción para miles de migrantes.

Sin embargo, lo peor de esta situación es que se vive una doble actitud, por un lado se aprovecha, pero por el otro se ataca, se rechaza, se agrede al inmigrante.

La realidad es que naciones como Canadá necesitan inmigrantes, a diferencia de los Estados Unidos, hay una mayor apertura para ello, pero se ha ido cayendo los mismos esquemas del vecino rico.

Es comprensible que las autoridades del país exijan legalidad en la entrada de personas al país, patra saber quien entra y garantizar la conservación de la seguridad pública, evitar la entrada de grupos terroristas o delicuentes, pero se debería diferenciar entre los criminales y gente que viene a buscar trabajo, « saltando las trancas » como se dice en México, es decir, sin los papeles que autoricen su permanencia.

En los albores del siglo XXI se percibe una urgente necesidad de revisar los fenómenos migratorios en el mundo y con ello los esquemas laborales, quizá sea tiempo de pensar en una revisión de los esquemas legales en materia de empleo, así como una actualización de los derechos humanos, pues el trabajo es con mucho la base para la supervivencia de personas y familias, y si en sus países de origen esto no se cumple, los países receptores deben salvaguardar ese derecho y fomentar un trato digno a quien ejerza un empleo.

Eso es del lado de las autoridades y las naciones, pero bajo el esquema mental, los usos y costumbres, la información de boca en boca, de persona a a persona entre los potenciales emigrantes, se ha aprendido (por costumbre) que se puede entrar a otro país, tradicionalmente los Estados Unidos, pasando su frontera, el siguiente paso es entrar a trabjar de manera clandestina.

Y de este esquema laboral « underground » se están erigiendo enormes emporios en ambos lados del Río Bravo. En el Norte y en el Sur vemos florecer empresas financieras que mueven miles de millones de dólares por todo el mundo, con más eficiencia quizá que las mismas instituciones financieras y de valores.

De hecho, las remesas de inmigrantes se están conviritiendo en uno de los soportes más fuertes de muchas economías lationamericanas, sobre todo en México.

Los empleadores canadienses, muchos de los cuales critican a los estadounidenses, parecen estar copiando sus malos vicios, rayando incluso en la ilegalidad, quejándose de ella, pero sacando provecho a la vez.

¿Y JUSTICIA PARA TODOS?

(Publicado en El Correo Canadiense)

Por Sergio Granillo

En 1979 se estrenó en los Estados Unidos una película de Norman Jewison, titulada “…And Justice for All” (Y Justicia para todos), protagonizada por Al Pacino; es la historia de un abogado criminalista de Maryland que defiende al “prestigioso e implacable” juez Fleming, detenido por golpear y violar a una muchacha, a cambio de que él reconsidere el caso de un cliente encarcelado injustamente.

El título de la película y la truculenta trama me resultan muy adecuadas para abordar el tan debatido tema del matrimonio gay, recientemente reconocido en Canadá.

En una charla de sobremesa, un amigo me dijo, “está bien, que legalicen la unión de homosexuales, pero que no le llamen ‘matrimonio’, eso es contra de nuestras tradiciones y nuestra religión”…

Curiosamente, el asunto del “matrimonio”, que viene acompañado ya hace tiempo de su “cláusula de salida”, el divorcio, han sido objeto de disputa entre el Vaticano y la Corona Inglesa.

De acuerdo con muchos historiadores, en 1531, Enrique VIII rompió con la Iglesia Católica para fundar la Iglesia Anglicana, por estricta conveniencia personal, pues el monarca británico quería divorciarse de Catalina de Aragón, por no haberle dado hijos, para casarse con Ana Bolena; y como la Iglesia Católica no lo admite, creó su propia iglesia, que sí lo permite.

En el Concilio de Trento, el Papa Pío IV (1563) se hace referencia al sacramento del matrimonio, seguida de doce “anatemas” y un decreto de reforma del matrimonio, cuya principal novedad era el requisito de que el matrimonio entre católicos se celebrase ante el párroco y se evitasen de este modo los llamados “matrimonios clandestinos”. (Biblioteca Jurídica Virtual de la UNAM)

Hace 442 años la Iglesia Católica se enfrentó a un problema social, los matrimonios clandestinos, refiriéndose a la unión entre un hombre y una mujer. A fin de cuentas, algo que sucede de manera natural, la unión de dos personas que desean compartir su vida, ha sido un asunto privado que la Iglesia y el Estado han querido invadir y manipular.

El texto citado sobre el Concilio de Trento, al referirse a “matrimonios clandestinos”, nos hace pensar cómo en el pasado, la unión de un hombre y una mujer era considerada como oscuro e ilegítimo, contra las buenas costumbres, ¡si no era declarado ante un párroco!

El matrimonio gay debería verse en dos vertientes, la cuestión legal y la tradición religiosa.

En la cuestión legal, si dos personas del mismo sexo deseaban efectuar este contrato civil llamado “matrimonio” -que pareciera hacer enfatizar la cuestión de los bienes materiales-, no podían hacerlo; la ley haciendo tal excepción, no era justa para todos, ¿cierto?

Y haciendo justicia, fue mi amigo y colega, quien me hizo ver con claridad una diferencia básica en este debate, hay que separar la cuestión religiosa de la legal, es decir, los legisladores hacen bien en crear la figura de la unión legal entre dos personas del mismo sexo, para cuestión de alcanzar metas comunes, ver uno por el otro, compartir bienes, etc.

¡El problema está en la terminología!

El término “matrimonio”, contrario a lo que se piensa, no es de origen eclesiástico, sino que proviene del derecho romano (pagano), de la figura del “matrimonium” (derecho de la madre), que peleaban las mujeres para poder tener hijos dentro de la legalidad. Los diccionarios ya reconocen en su definición la acepción de “matrimonio homosexual”, figura legal reconocida en algunos países europeos, algunas ciudades de Estados Unidos, y, a partir del 29 de junio de 2005, en Canadá (Wikipedia).

Justo es, correcto no, el asunto del matrimonio gay. Ahora en Canadá se devolvió la igualad de todos ante la ley, quizá no debería llamarse “matrimonio”, en defensa de las tradiciones religiosas; pero la historia nos muestra que no hay nada nuevo bajo el sol.

A fin de cuentas, la unión entre dos personas no debería ser sancionada por el Estado, que lo hace para proteger la equidad entre ambas, pues ciertamente el matrimonio infiere el sometimiento de una persona a otra (tradicionalmente, de la mujer al marido), y las leyes tratan de salvaguardar los derechos individuales de ambos contrayentes a este pesado yugo legal.