Monday, January 14, 2008

MEXICANOS DE AQUI Y DE ALLA…

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

Existe confusión y desconocimiento acerca del fenómeno migratorio de mexicanos en Canadá, tanto entre inmigrantes, autoridades y la sociedad. Se cree que aquí ocurre lo mismo que en Estados Unidos.

Visto desde México, la gente piensa que digan lo que digan los medios, las historias de boca en boca repiten la misma historia: “Te pasas la frontera, libras la “migra” y allá encuentras chamba… de lo que te den, ganas más dinero que en cualquier trabajo en México”.

Lo que pasa en los Estados Unidos es muy complejo, por los millones de inmigrantes que ya están en su territorio de manera ilegal, que al paso de décadas han “sentado sus reales”. Es decir, ya son un mercado muy considerable, generan riqueza y pagan impuestos –al menos sobre el consumo-; y además están penetrando ideológicamente a la cultura americana.

Esto contrasta con los intensos esfuerzos de ciertos grupos que son totalmente anti-inmigración y que no sólo se oponen políticamente a la amnistía, sino que forman grupos “de choque”, como ha pasado con los “cazadores” de paisanos en la frontera en Arizona.

Canadá es otra cosa. Aquí predomina la inmigración legal, aún cuando es una realidad innegable la presencia de inmigrantes ilegales. Otra cuestión importante es que aquí no se ha generalizado el término “hispano”, lo más cercano es “Spanish”, para referirse a los que hablamos español. No existe el sentido de homogeneidad cultural, lo que hace más débil a nuestra comunidad.

Mientras que los americanos se van haciendo asiduos consumidores de la cocina mexicana, por ejemplo, los canadienses desconocen esta riqueza culinaria. Y ocurren fenómenos como la existencia de negocios de comida rápida, 100% mexicana, que se promueve sin referencia directa a su origen.

Es curioso ver que se ofrece comida mexicana, pero sin el título de “mexicana”, no por discriminar, sino porque en el gusto y la cultura canadiense, lo “mexicano” es un concepto distante, ignoto, exótico, que en muchos casos, sólo se asocia con playa. Esto es sólo un pequeño ejemplo del desconocimiento que existe de México y del resto de América Latina en la sociedad canadiense.

Se presenta, en cambio, un fenómeno de “rebote”, es decir, la fuerza de lo mexicano en Estados Unidos que “brinca” la frontera y se cuela a Canadá. Productos industrializados de comida mexicana, fabricados en la Unión Americana, el concepto de “burrito” es herencia de los paisanos avecindados ahí, no realmente de la verdadera comida mexicana, pero es un avance.

Así como se desconoce la comida, se desconoce el perfil de migrantes mexicanos que habitan en Canadá.

Muchos creen erróneamente que es similar a lo que ocurre en Estados Unidos, otros piensan que a Canadá emigran clases medias, pero se presta poca atención a los muchos mexicanos que viven aquí producto de los acuerdos diplomáticos, como el de campesinos, además de los muchos ilegales que trabajan como obreros clandestinos en fábricas y en la construcción; o los muchos que vienen engañados por empresas fantasma, que gestionan refugio, pero acaban deportados.

Las voces hispanas parecen perderse entre los lenguajes orientales y sudasiáticos, cuya abrumadora presencia en Canadá sobrepasa en número a los latinos. Consolidar la comunidad requiere esfuerzos de los inmigrantes, los cuerpos diplomáticos y los gobiernos.

* Periodista mexicano
(www.elcorreo.ca)

Saturday, January 05, 2008

POR EL RECONOCIMIENTO DE LOS INMIGRANTES

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

En sólo 5 años ha llegado a Canadá más de un millón de inmigrantes provenientes mayoritariamente de Asia y Medio Oriente; la población migrante ha crecido cuatro veces más rápido que el crecimiento natural (por nacimiento).

Canadá es ya la nación mas pluricultural del planeta, y muchas voces han asegurado que el futuro de esta nación radica en este factor. No obstante, hay evidencia de un desbordamiento del fenómeno.

Por un lado, el gobierno federal y algunas provincias lanzan intensas campañas para atraer gente de otras naciones, donde de manera sutil se “vende” el “sueño canadiense”, una plétora de oportunidades, una cálida recepción y un futuro brillante.

Pero quienes llegan al territorio canadiense se topan con barreras como el idioma, los costos de vivienda, transporte, alimentación, el reconocimiento de credenciales, y la “experiencia canadiense”, una actitud que raya en el racismo de parte de algunos patrones. O el hecho que al paso de los años los inmigrantes han venido engrosando las filas de la pobreza en las grandes urbes canadienses.

Por un lado, se despliega un ‘marketing’ para atraer extranjeros, pero es insuficiente el trabajo de conscientización al interior del país para asimilar de manera apropiada a los recién llegados. No se trata de dar privilegios a los extranjeros sobre los canadienses, pero sí allanar el camino para la autosuficiencia de los mismos. No es cuestión de dar más dinero a causas caritativas. La mejor forma de combatir la pobreza es evitarla.

En lugar de cabildear por más recursos públicos –provenientes de altos impuestos- para darle de comer a los pobres, es mejor tomar acciones que abran más oportunidades de empleo, mejor remunerados, con bases justas de competencia profesional.

La creciente llegada de inmigrantes legales a Canadá puede ser la base de un desarrollo sostenido o puede convertirse en una bomba de tiempo de pobreza, frustración, racismo y violencia.

Hasta ahora, el fenómeno ha sido abordado erróneamente y con timidez. El gobierno ofrece programas de orientación a los inmigrantes con mucho énfasis en aprender bien ingles o enseñar a usar una computadora; asumiendo que quien emigra a Canadá proviene de alguna selva o bien de un desierto.

Cuando se ha demostrado que, cada vez más, los inmigrantes poseen estudios universitarios y postgrados, pero terminan empleados como choferes u obreros de bajo nivel. Lo que hace falta es convencer a los patrones canadienses para que abran oportunidades más justas a los inmigrantes.

Otro factor es la falta de unidad entre ciertas comunidades. Quizá este es el factor más sensible entre la gente de habla hispana. A diferencia de lo que ocurre en los Estados Unidos, donde todos los que hablan español se identifican con el termino hispano o latino, dejando atrás las barreras nacionalistas.

Desafortunadamente, esto no ocurre en Canadá, y en consecuencia se carece de un cuerpo sólido que haga valer el hecho de que el español es ya la cuarta lengua más utilizada en Canadá y pronto será la segunda lengua de habla en Norteamérica entera. ¡Hispanos de Canadá, uníos!


* Periodista mexicano
(www.elcorreo.ca)