Saturday, January 05, 2008

POR EL RECONOCIMIENTO DE LOS INMIGRANTES

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

En sólo 5 años ha llegado a Canadá más de un millón de inmigrantes provenientes mayoritariamente de Asia y Medio Oriente; la población migrante ha crecido cuatro veces más rápido que el crecimiento natural (por nacimiento).

Canadá es ya la nación mas pluricultural del planeta, y muchas voces han asegurado que el futuro de esta nación radica en este factor. No obstante, hay evidencia de un desbordamiento del fenómeno.

Por un lado, el gobierno federal y algunas provincias lanzan intensas campañas para atraer gente de otras naciones, donde de manera sutil se “vende” el “sueño canadiense”, una plétora de oportunidades, una cálida recepción y un futuro brillante.

Pero quienes llegan al territorio canadiense se topan con barreras como el idioma, los costos de vivienda, transporte, alimentación, el reconocimiento de credenciales, y la “experiencia canadiense”, una actitud que raya en el racismo de parte de algunos patrones. O el hecho que al paso de los años los inmigrantes han venido engrosando las filas de la pobreza en las grandes urbes canadienses.

Por un lado, se despliega un ‘marketing’ para atraer extranjeros, pero es insuficiente el trabajo de conscientización al interior del país para asimilar de manera apropiada a los recién llegados. No se trata de dar privilegios a los extranjeros sobre los canadienses, pero sí allanar el camino para la autosuficiencia de los mismos. No es cuestión de dar más dinero a causas caritativas. La mejor forma de combatir la pobreza es evitarla.

En lugar de cabildear por más recursos públicos –provenientes de altos impuestos- para darle de comer a los pobres, es mejor tomar acciones que abran más oportunidades de empleo, mejor remunerados, con bases justas de competencia profesional.

La creciente llegada de inmigrantes legales a Canadá puede ser la base de un desarrollo sostenido o puede convertirse en una bomba de tiempo de pobreza, frustración, racismo y violencia.

Hasta ahora, el fenómeno ha sido abordado erróneamente y con timidez. El gobierno ofrece programas de orientación a los inmigrantes con mucho énfasis en aprender bien ingles o enseñar a usar una computadora; asumiendo que quien emigra a Canadá proviene de alguna selva o bien de un desierto.

Cuando se ha demostrado que, cada vez más, los inmigrantes poseen estudios universitarios y postgrados, pero terminan empleados como choferes u obreros de bajo nivel. Lo que hace falta es convencer a los patrones canadienses para que abran oportunidades más justas a los inmigrantes.

Otro factor es la falta de unidad entre ciertas comunidades. Quizá este es el factor más sensible entre la gente de habla hispana. A diferencia de lo que ocurre en los Estados Unidos, donde todos los que hablan español se identifican con el termino hispano o latino, dejando atrás las barreras nacionalistas.

Desafortunadamente, esto no ocurre en Canadá, y en consecuencia se carece de un cuerpo sólido que haga valer el hecho de que el español es ya la cuarta lengua más utilizada en Canadá y pronto será la segunda lengua de habla en Norteamérica entera. ¡Hispanos de Canadá, uníos!


* Periodista mexicano
(www.elcorreo.ca)

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