Monday, January 23, 2006

PROPAGANDA WAR… TOWARDS A CONSERVATIVE GOVERNMENT

By Sergio Granillo

Canada will elect a new government today.

Propaganda weapons have shocked the public opinion. Topics touched in the debates and in the last spots in radio and TV crossed over unexpected trenches, no wondering moral values, tax cutting, corruption scandals, revoking of recent laws (e.g. regarding same sex marriage), the proposal of putting soldiers in the streets to fight gun violence and a unconditional support to the United States military advances abroad.

Opinion polls presented in mass media have changed dramatically their results in the past few days, moving forward a tie between Liberals and Tories, towards a definite triumph of the Conservative Party and his leader, Stephen Harper.

By the end of Christmas season, approaching the Election Day, propaganda campaigns increased their presence in mass media, aggressive arguments were offered to the public opinion. Direct accusations between the strongest contenders were the dominant topic in the spots.

On one side, the Liberal leader, Paul Martin, who was accused of unfulfilling his past campaign promises and tolerating corruption in his administration; a high stake took the Gomery case.

On the other hand, Harper, who was pointed as a subordinate of the United States Government interests, almost outlined as an intolerant dictator, warlike people, decided to fill up with soldiers the streets of Toronto and other main cities in Canada to subjugate the delinquency; insensitive to the needs of minorities, and actually looking forward a tax rising.

Regardless what polls say, during the debates among the leaders, carried on in the main cities of Canada, both in English and French, the image of Paul Martin seemed stronger than the other ones; Gilles Duceppe, leader of the Bloc Quebecois, achieved an interesting position among the audience; Jack Layton was hand tied, being the strongest small party, it can not afford to disregard an eventual alliance with one of the main parties.

Who cares about the platforms?

In theory, democracy is the political scheme where people elects their rulers, according to the different proposals and plans to govern, ideas that are located within the called “political platforms”; each of which belongs to a particular ideological current, and they are important because under those ideals and values, the new ruler will guide his acts of government.

Not a big surprise, actually, that few people knows these “platforms”. The truth is that citizens are captivated by candidates not by his logical ideas or proposals, but accordingly to how do people feel about them. Emotions are more effective to gain votes, rather than good proposals, that is what perception is all about.

It is the handcraft of political marketing, to create the image of a character, which often got nothing to do with the real thing.

That is why the storm of TV spots presents only a face, followed by accusations, outlining black and white characters, angels or demons, not human beings. Discredit and disqualify the opponent, this is the strategy; politicians and war strategist believe that attacking is the best defense.

Since the Ancient Rome, the political speeches can be of two kinds: one is called the logical discourse, arguing reasons and plain information, numbers and facts. The other one, the emotional discourse, makes use of adjectives, appealing to feelings, directed to the senses, drawing emotional scenes or touching characters or evil villains.

The weapons in this propaganda war are assorted, from mounting scenarios in the visits to different cities, bombing audiences with images and slogans through mass media, filling up mailboxes and yards with banners and pamphlets; even the manipulation and spread of gossips among apparently objective reporters and political analysts, and obviously, manipulating polls.

Usually, people goes for the winner, maybe that is why minority parties are damned to be small forever; voters don’t want to waste a ballot in a party that “for sure” will never win an election.

Is it true that just in few weeks, Harper surpassed Martin in the preferences of Canadians? Opinion polls and surveys are just a glimpse of a huge and often complex universe, it is never the whole thing, even though it tends to be representative. Not to mention a large group of undecided voters, that can change the results in a close race between two strong parties.

Talking about lies and corruption, mass media paid such a little attention to a couple of situations in both sides: One member of the Liberal party, running for a local position, was in the middle of a legal process, so he had to quit. A candidate of the Conservatives was denounced by an opponent from a smaller party to whom he offered a good deal of money and a good job if he quitted in to his favor.

If man were angels –as barristers like to say-, laws would not be necessary… In the world of politics, it’s not that everybody are demons, but for sure no one is free of guilt to “throw the first stone”…

GUERRA PROPAGANDISTICA… HACIA UN GOBIERNO CONSERVADOR

Por Sergio Granillo
(Publicado en El Correo Canadiense)

Hoy Canadá elegirá a su nuevo gobierno, las “armas” propagandísticas han sacudido a la opinión pública. Los temas del debate han cruzado las trincheras de los valores morales, el recorte de impuestos, los escándalos de corrupción, la derogación de leyes (como el matrimonio homosexual), la presencia de soldados en las calles de las principales ciudades para combatir la delincuencia y el apoyo incondicional al intervencionismo militar de los Estados Unidos.

Las encuestas presentadas en los medios masivos han dado un giro espectacular en los últimos días, pasando de un “empate técnico” entre conservadores y liberales, hacia el triunfo virtual del conservador Stephen Harper.

Al terminar la época navideña, es decir al acercarse la fecha de las votaciones, las campañas propagandísticas en medios masivos arreciaron de manera espectacular, no sólo en su frecuencia, sino en su tono y su contenido. Predominó el ataque directo y la descalificación de los dos principales contendientes.

De un lado, el liberal Paul Martin, a quien acusaron de incumplir sus promesas al ejercer el poder y de auspiciar la corrupción (escándalo de desvío de recursos, caso Gomery).

Por el otro, Harper, señalado como un súbdito de los intereses del gobierno de los Estados Unidos, casi perfilado como un dictador intolerante, belicoso, decidido a inundar de soldados las calles de Toronto y otras ciudades para combatir el crimen, insensible a las necesidades de las minorías y dispuesto a elevar impuestos.

A pesar de lo que dicen las encuestas, los debates que sostuvieron los llamados “líderes” en ciudades claves, tanto en inglés como en francés, parecían haber hecho repuntar la imagen de Paul Martin, así como un interesante posicionamiento en la opinión pública del líder del Bloque Quebequense, Gilles Duceppe; mientras que Jack Layton quedó atado de manos, pues al ser el partido minoritario más fuerte, viene a ser el “comodín” de los arreglos políticos parlamentarios, y sus ataques a los dos principales contrincantes, en una carrera tan cerrada, podían comprometerlo más allá de lo conveniente.

¿Alguien ha preguntado por las plataformas?

En teoría, dentro de la democracia, el pueblo elige a sus gobernantes de acuerdo a sus propuestas y planes de gobierno, que se plasman en las llamadas “plataformas políticas”, que identifican a cada partido con una corriente ideológica y que constituirán la guía maestra para su gobierno.

No es sorpresivo que en los hechos, nadie conozca dichas plataformas. La realidad es que lo que mueve al electorado a favor de un candidato tiene que ver con la percepción, con las emociones que el público tiene acerca de cada líder, más que con sus propuestas, y claro lo viables que éstas sean.

Ese es el trabajo de la mercadotecnia política, crear la imagen de un personaje, que muchas veces no tiene nada que ver con la realidad.

Por eso, la intensa lluvia de spots en televisión desprestigiando a Harper y a Martin, respectivamente, donde lo único que aparece son sus rostros.

Aunque desde las épocas de la antigua Roma, existe el manejo de discursos políticos con dos grandes vertientes: una, argumentando razones y ofreciendo datos, números, hechos; la otra, es apelar a las emociones, utilizando adjetivos y dibujando escenas o personajes conmovedores o villanos abominables.

Las armas y estrategias de estas guerras de propaganda electoral son variadas, desde montar escenarios en los recorridos, bombardeos de imágenes y frases en los medios masivos, rellenar de panfletos los buzones de los votantes; hasta la manipulación de hechos, rumores, análisis periodísticos y, claro, de encuestas.

Los estrategas de la imagen pública saben que normalmente la gente le apuesta al ganador, por eso los partidos minoritarios estarán sentenciados a serlo toda la vida; los votantes no quieren “desperdiciar” su voto en alguien que no va a juntar los sufragios suficientes.

¿Será verdad que Harper avanzó dramáticamente en dos semanas a Martin? Las encuestas y sondeos de opinión, son sólo una “probadita” de un gran banquete, no alcanzan a cubrir todo el universo de votantes; por no mencionar el grupo de indecisos, que pueden inclinar la balanza cuando hay una carrera muy cerrada.

Y hablando de mentiras y corrupción, poco se mencionó en los medios masivos las dos vergonzosas historias de un candidato liberal que tuvo que abandonar la contienda por estar sujeto a un proceso judicial; así como el caso de un candidato conservador que también fue obligado a dejar la campaña porque quiso comprar con promesas poíticas a otro contrincante directo de un partido más pequeño.

Dice un refrán famoso entre abogados, “si los hombres fueran ángeles”, no habría necesidad de leyes… En el mundo de la política, no es que abunden los “demonios”, pero que se atreva a tirar la primera piedra aquel candidato que “esté libre de culpa”.

Saturday, January 14, 2006

DE TODOS MODOS… ¿QUÉ ES LA POLITICA?

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

La muerte de Jane Creba, adolescente canadiense blanca, en el corazón de Toronto, en el Boxing Day, durante una balacera entre bandas de jóvenes negros, ahora sí indignó y preocupó a las autoridades de Canadá. Esto envuelve muchos significados y tiene que ver con la política, aunque no lo parezca.

Frecuentemente, se nos olvida lo qué es la política; muchos la toman como algo ajeno, como un asunto sólo de ricos y poderosos, que nada tiene qué ver con nosotros los hispanos que vivimos en Canadá, menos siendo parte de una “minoría visible”.

El lamentable suceso provocó –más por azar que con intención-, que por fin la sociedad entera, los políticos en campaña y las autoridades en funciones voltearan a ver un drama que meses atrás otros padres habían sufrido, sin encontrar una respuesta contundente.

Cuando las balas de las pistolas de las bandas de jóvenes negros atravesaron ese “muro invisible” que divide las “minorías visibles” de los canadienses-canadienses, y arrebataron la vida de un canadiense blanca y angloparlante, el problema se convirtió en un asunto de interés nacional, tomó otra dimensión.

E insisto, ¿qué tiene que ver con la política, si este lamentable hecho es un asunto del ámbito judicial o policíaco? Recordemos que el término “política”, significa todo aquello relacionado con la vida de la polis, que en griego significa “la ciudad”.

La muerte de Jane Creba en un fuego cruzado entre pandillas, en una de las avenidas más transitadas de la ciudad más grande de Canadá, en una hora pico, en un día feriado –que es una fiesta exclusivamente de los canadienses-, pone en evidencia el desbordamiento de un problema que hasta había sido minimizado, porque las autoridades consideraban que se trataba de una problemática limitada a una minoría étnica (negros pobres).

Todos los que habitamos en un territorio determinado pasamos a ser parte de su sociedad, y nos afecta todo lo que en ella ocurra; no podemos mantenernos ajenos con la miope excusa de pertenecer a “una comunidad” en particular. Eso no significa renunciar a una identidad o a una cultura, es sencillamente asimilar y aceptar que en Canadá, particularmente en Toronto, conformamos una sociedad multicultural de la que no debemos sentirnos ajenos.

Es decir, la política también es un asunto que nos compete, a tal grado que de cada dólar que ganamos o que pagamos al comprar alguna mercancía, pagamos un tributo obligatorio al gobierno, y si les pagamos, debemos al menos estar enterados de qué hacen con ese dinero.

Y que esos recursos se utilicen en beneficio de todos, ya sea para servicios de salud, de transporte, de educación, de infraestructura, de promoción para crear más empleos, para contar con cuerpos policíacos suficientes y eficientes.

Lo mínimo que un gobierno tiene por obligación garantizar a los ciudadanos, a los contribuyentes, es proteger su vida y sus propiedades.

Por desgracia, perdemos de vista esta realidad y pensamos que no existe razón alguna para involucrarnos en las discusiones entre conservadores, liberales, bloque quebenquense o los neo-democrátas.

Nos sentimos satisfechos de vivir bajo un régimen democrático, sueño que todos los latinoamericanos hemos tenido para nuestros países, sin hasta ahora ver claro; pero asumimos que en Norteamérica gobierna la democracia.

Pero ¿qué es la democracia sin la participación ciudadana?

La política es algo muy noble que ha sido empantanado por quienes ejercen el poder, pero en esencia significa tener conciencia de que pertenecemos a una sociedad, que nos incumbe lo que ocurre a nuestro alrededor; que si dejamos crecer un problema que parece ajeno, tarde o temprano nos afecta a todos.

Cuando las calles pueden ser tomadas así por delincuentes, una y otra vez, el llamado “status quo”, o estado de cosas, o Estado de Derecho, está en peligro, está siendo vulnerado, doblegado; pone en evidencia que las fuerzas del orden y la ley no están cumpliendo con su deber. La sociedad necesita conocer qué ha desatado actitudes tan violentas en ciertos sectores de la sociedad.

También es delicado que las autoridades y la sociedad en su conjunto se sientan vulneradas ante un crimen más que respecto a otro, arrojando señales claras de racismo; una sociedad fragmentada, no tiene fuerza, es fácilmente sometida a los caprichos del poder y de las pugnas por el poder.

Ya sean bandas de adolescentes de raza negra o bandas de blancos con traje intercambiando acusaciones en palestras y medios públicos, por dominar un territorio o en búsqueda de ‘vendetas’; ambas ignoran algo que se llama “el bien común”; y la única que puede restablecer el equilibrio, el status quo, el orden y la ley, es la presión de la sociedad.

Monday, January 02, 2006

MEDICINA: ¿VOCACIÓN O BUROCRACIA?

Por Sergio Granillo
(Publicado en El Correo Canadiense)

Ser medico, enfermera o tener una profesión relacionada con la medicina implica algo más que un empleo, es una vocación, o debiera serlo.

Canadá enfrenta el reto de decidir sobre el sistema de salud, ¿debiera existir medicina privada? ¿Debe el gobierno administrar en su totalidad el sistema de salud?

Quizá el problema no deba ser de dónde viene el dinero que sostiene los servicios de salud -uno de los sistemas más complejos y sensibles para una sociedad-, sino en la vocación que quienes ejercen tales profesiones debieran mostrar en su ejercicio cotidiano.

Atender un paciente no es vender refrigeradores, construir casas, litigar o hacer comerciales; es poner al servicio de un ser humano en dolor los avances tecnológicos y siglos de conocimientos, entendiendo que ese “objeto” del trabajo –aunque sea cotidiano-, pasa por un momento crucial y decisivo en su vida, un momento que le puede costar la vida…

Hace dos años, Bárbara –una ciudadana canadiense- notó irregularidades en su cuerpo y consciente de los riesgos del cáncer de seno decidió acudir a su médico familiar para que le practicaran los exámenes pertinentes, y descartar la posibilidad de una enfermedad que, diagnosticada a tiempo, es cien por ciento curable.

Finalmente, el médico accedió, pero al ver los resultados, por ignorancia, descuido o indolencia, pasó por alto la advertencia de un posible tumor cancerígeno y, en lugar de proceder a una biopsia (extracción de una porción del tejido en cuestión para su análisis), le dijo que no era nada…

Bárbara seguía sintiendo crecer en su organismo esta formación extraña. Ante su preocupación, volvió con el médico sólo para ratificar la existencia de un tumor canceroso, que ha aumentado en tamaño y peligrosidad.

El médico le dice que es urgente operarla y extirparle un seno, con el riesgo de que la enfermedad se haya extendido a otras partes de su cuerpo. El día de la operación, los médicos y enfermeras llegan a “cumplir con su trabajo”, una cirugía rutinaria; sólo una enfermera y el anestesiólogo se comportaron amables y sensibles al temor intrínseco que enfrenta Bárbara.

Al terminar, algunas horas después, Bárbara saliendo del sopor de la anestesia, pasó al estupor de tener que vestirse sola, caminar hacia su silla de ruedas, abordar el auto de su esposo e irse a casa a seguir su recuperación; el personal había terminado turno y era hora de salida, ni modo “ya cumplieron su trabajo”…

No hubo manera de hacer un reclamo, pedir una explicación o buscar una segunda opinión, ni siquiera pagar por un servicio privado. Esto hace sentir a cualquiera en un callejón sin salida, impotente, sumido en una burocracia pero que kafkiana.

En este caso, no basta la perfección de la técnica médica, las “softskills” son totalmente pasadas por alto. Y no es sólo materia del gobierno, es cultura, sensibilidad humana; todos podríamos pasar por eso, ¿o no?

MEDICINE: CALLING OR BEAUROCRATIC JOB?


To be a physician, nurse or practicing any career in Medicine takes much more than “doing a job”, actually it is a calling, or should be…

Canada faces the challenge of making a decision regarding its Health System, how good it would be to allow private institutions and professionals to operate, or shall the Government keep running all of it?

It is a very sensitive issue for any society; it is one of the main responsibilities that the State (Government) owes to people (voters). But medical practice should not change whether the system is private or public, but the drive to perform such careers shall be the human calling to serve others.

Taking care of a patient is not equivalent to sell merchandises, doing business, typing letters, producing serial objects or even litigating; medicine is essentially putting into practice centuries of technological developments and scientific research, in order to save lives, heal people and beat the pain. A patient is a human being in pain, facing sometimes the last minutes of his/her life…

Two years ago, Barbara –a Canadian citizen- noticed some irregular formations within her body, aware of the risk of breast cancer, she went to her family doctor -here in Toronto, asking to get the proper medical tests in order to dismiss any possibility of that illness, and in such case start as soon as possible the due treatment.

The doctor accepted to do so, she went trough some tests, but when he received the results, he said nothing to her. Either by incompetence, misunderstanding or indolence, he didn’t warn Barbara about the suspect of a cancerous tumor in her body.

For two years, she kept feeling that uncomfortable mass in her body. Along with the enlargement of the tumor, her scares grew too. Unable to get a “second opinion”, the way is done in a private open market of medicine; she went back to the same doctor, begging for further medical analysis.

At last, he ordered a biopsy and found out that the tumor, now larger and even more dangerous, was cancer; and immediately he order to remove the whole breast, within few days after her last interview.

The day of the surgery, Barbara arrived early in the morning, got ready to enter into the O. R., where surgeons were ready to help their “next patient”, no talk at all, cold as rocks; but fortunately, a Russian nurse and the anesthesiologist “saved the day” being kind to Barbara, at least talking and comforting her, making easier the painful and dramatic experience that she was going trough.


The surgery was expected to last 1 hour, it lasted 3, Barbara’s husband was not able to receive any information about her. When she woke up after her successful surgery, alone in her room, she was asked to dress up all by herself and leave the hospital, the shifts were over, it looked like if they were waiting the precise moment to close “the office”.

By no mean, Barbara or her husband could express any complaint, getting a second medical opinion or even pay for a private service, it’s Canada!

This experience makes anyone feel as in a nightmare, lost in a close ended street, helpless, captive in a bureaucracy in the most insane style described by Franz Kafka.

Barbara’s story is just a sample of the way that a Canadian Experience career should be… if anyone, let’s say a physician, has good enough technical skills, his “softskills” are useless, he is efficient enough for the Health System.

Offering free public health services to everybody is not good enough, private medicine is not either the best solution, it’s matter of commitment, a human way to practice one of the oldest, most respected and best paid careers ever, Medicine.

CAMPAÑAS POLITICAS: CARTAS A SANTA CLAUS

Por Sergio Granillo
(Publicado en El Correo Canadiense)

Sea Canadá o cualquiera otra nación, la política y los políticos siguen las mismas recetas que los romanos y algunos filósofos de la Edad Media y del siglo XIX, que se resume en “pan y circo”.

Una vez disuelto formalmente el Parlamento Canadiense, los líderes de los cuatro partidos políticos se lanzaron a abrazar bebés y dar conferencias de prensa, recorriendo todos los rincones del país, con una agenda llena de tantas propuestas, que emulan las largas cartas a Santa Claus, ofreciendo a los electores toda clase de “milagros”.

Apoyo a familias con niños pequeños para pagar guarderías, reducir impuestos, crear otros impuestos para proteger el medio ambiente, reducir los tiempos de espera en el sistema de salud, etc.

Todo estaba fríamente calculado, los discursos de los políticos parecen haber sido redactados hace meses, los medios de comunicación montados en los “pools” oficiales de campaña, unos más alineados que otros, algunos prometiendo no saturar al público con noticias de campaña, que además promete ser incómoda por larga y por coincidir con las fiestas navideñas.

El hecho más notorio de todo esto es que los políticos y el resto de la gente en este país parecen moverse en carriles totalmente diferentes.

A un lado quedan hechos tan importantes como el dramático aumento de los crímenes a mano armada en Toronto, vinculados a inestabilidad social en grupos étnicos bien definidos (causa similar a las graves revueltas urbanas registradas en París), el cierre de importantes plantas industriales, la creciente frustración de inmigrantes que se topan con una marcada discriminación laboral y que siguen aumentando el número de pobres en Canadá.

Particularmente, la seguridad pública, la economía y las minorías (étnicas) “(in)visibles”, son tres importantes asuntos que hasta ahora han quedado totalmente fuera de la agenda política de los conservadores, los liberales, el bloque quebequense y el NDP.

Un especialista en política canadiense y profesor en la Universidad de York, Allan C. Hutchinson, ha elaborado un interesante diagnóstico acerca del “estado de la democracia en Canadá”, que estarán contenidos en un libro que está por publicar; el especialista hace una serie de señalamientos muy interesantes…

Canadá ostenta el cuarto lugar mundial como ejemplo de país democrático, detrás de Noruega, Suecia y Australia, y sin embargo, las elecciones que se avecinan para enero del 2006 muestran un fuerte desgaste en las bases de su sistema democrático. Hutchinson afirma: “Lo que ahora se toma como ‘democracia’ es un estrecho, elitista y hueco cumplimiento de lo que tan profusamente ofrece”.

Y explica que la democracia posee elementos “formales” y “sustantivos”, es decir en su forma y en su esencia; en ambos casos –explica- “el paraíso está en problemas”, refiriéndose al estado de la democracia canadiense.

La participación real que tiene la gente en el gobierno de una nación, que va más allá de acudir a votar el día de las elecciones, y en segundo lugar las condiciones generales en que esa gente vive, producto de su participación en las decisiones de gobierno, esa es la definición esencial de democracia: el gobierno del pueblo.

Las estadísticas más recientes indican que en las elecciones de 2004 sólo participó el 60.5% de los electores registrados en el padrón; en esa ocasión, los liberales obtuvieron el 36.7% de los votos; esto significa que del total de los canadienses con derecho a votar sólo el 22.2% apoyó el gobierno de Paul Martin.

Otro hecho es que importantes sectores del electorado, como mujeres, jóvenes e inmigrantes con ciudadanía, están sub-representados en el Parlamento y no son tomados en cuenta para las decisiones políticas.

Por otro lado, además de la apertura a la participación política, está el resultado de la misma, es decir, la calidad de vida de los ciudadanos; en ese renglón, la democracia canadiense, también parece estar en problemas…

Según las estadísticas económicas, el 10% de las familias canadienses posee el 55.7% del total de la “riqueza” del país; el 10% de las familias más, lejos de mejorar sus posesiones, sólo han visto aumentar sus deudas. En la última década, las diferencias entre ricos y pobres se ha acentuado más y este fenómeno de desigualdad social afecta sobre todo a grupos específicos: mujeres, ancianos, “no-blancos” y nuevos inmigrantes.

Estas realidades definitivamente no están dentro de los argumentos prefabricados de las campañas políticas y esto parece no preocuparles a los “canadienses-canadienses”, sean quienes sean… Yo me pregunto ¿se puede gobernar al margen de la verdadera voluntad ciudadana?

La estabilidad económica parece tener la elasticidad suficiente para sostener este alejamiento entre los políticos y la ciudadanía; el Estado de Derecho ha logrado contener hasta ahora tales diferencias, pues sigue imperando la legalidad en los hechos de gobierno, y pareciera que el perfil del ciudadano canadiense es más tolerante (o indiferente) que otras nacionalidades en el planeta.