Thursday, September 04, 2008

NUEVA POLITICA INMIGRATORIA, DIRECCION INCORRECTA

(Publicada en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo


La creación de una nueva categoría inmigratoria como ‘Clase con Experiencia Canadiense’ (Canadian Experience Class, CEC) aparece como el primer paso para revertir la política de apertura hacia los inmigrantes.

Parecen agotados los esfuerzos por ayudar a los recién llegados a superar la barrera de la ‘Experiencia Canadiense’; y ante los retos de la recesión económica (no declarada oficialmente) resulta necesario contener flujos migratorios, para no presionar las tasas de desempleo.

Anteriormente, las tendencias de crecimiento económico advertían de la necesidad de cubrir posiciones laborales con mano de obra importada, ya sea por un acelerado crecimiento económico, envejecimiento de la población, disminución de las tasas de fertilidad, etc.; o bien por la necesidad de traer más trabajadores que contribuyan (via impuestos) a los pagos de pensiones a los canadienses retirados.

El gobierno canadiense ha estado atrayendo ciudadanos de otras naciones, con estudios y experiencia profesional, para que emigren a estas tierras y hagan realidad el ‘Sueño Canadiense’, inspirado en el ‘Sueño Americano’.

Sin embargo, el sector privado no comparte dicha perspectiva. No se ha logrado cocientizar a los patrones acerca de las capacidades profesionales de los recién llegados. Muchos todavía consideran algunas fallas lingüísticas entre los inmigrantes como una discapacidad mental o reflejo de la ausencia de procesos mentales. Si no habla claramente en inglés, no sabe pensar.

La otra barrera, la ‘Experiencia Canadiense’, hace pensar que la cultura empresarial local es totalmente diferente a la del resto del mundo. No considera la globalización económica, que ha venido estandarizando los procesos productivos, los modos de hacer negocios y la educación.

En consecuencia, abundan profesionistas inmigrantes que se emplean en la industria de la construcción, conduciendo autobuses escolares, limpiando oficinas o sirviendo mesas.

La nueva política migratoria indica que el problema de Canadá es que no está llegando gente con la suficiente capacidad para desempeñar trabajos profesionales.

Pero esa no es la realidad. No se trata de depurar la calidad de extranjeros que vienen a Canadá, ni de darles capacitación, ni siquiera de validar sus estudios. Lo que es urgente es que se brinde las mismas oportunidades a los inmigrantes, para competir en los mismos términos por obtener un puesto laboral de nivel profesional.

Algunos patrones canadienses parecen aplicar a los inmigrantes aquella idea del desarrollo por escalafón. Antaño, en las fábricas se empezaba en las líneas de producción y se iba subiendo de puesto poco a poco.

Ciertos esquemas gerenciales, particularmente aplicado hacia los extranjeros, no considera las modernas teorías administrativas de ‘ganar-ganar’, que reconoce las habilidades y conocimientos del empleado, no sólo a los años de servicio.

El ‘problema’ involucra dos partes, los patrones canadienses y los inmigrantes buscadores de empleo; la falta de compatibilidad en esa relación, debe atenderse en ambos frentes, no sólo en uno de ellos…

Mayor frustración resentirán aquellos que obtengan la nueva categoría migratoria que valida su experiencia canadiense, si al final del día volverán a terminar manejando taxis o sirviendo mesas. Otros estudios sobre inmigración han demostrado, que tiene más peso la apariencia física y el nombre, que las habilidades profesionales, a la hora de buscar trabajo.

¿Y que va a pasar con aquellos inmigrantes que ya se encuentran en Canadá y siguen buscando oportunidades de trabajo profesionales?

* Periodista mexicano
(www.elcorreo.ca)

MEXICANOS SIN JUSTICIA, SIN REFUGIO

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

A finales de junio, la prensa canadiense publicó un caso en que la Corte Federal revirtió decisiones tomadas por el Consejo de Inmigración y Refugio, que habían negado asilo político a mujeres mexicanas amenazadas por narcotraficantes; permitiendo finalmente su estancia en territorio canadiense.

La Corte basó sus sentencias a favor de las mexicanas en virtud de las evidencias del alto nivel de corrupción policiaca (y judicial) en México, así como la grave presencia de cárteles de la droga en diversos puntos del país, fuente de violencia e inseguridad para mucha gente.

Un par de días después de la publicación de esta noticia, tuve una experiencia personal en mi trabajo (bancario) con un cliente, una chica de Montreal, de origen sudasiático, a quien parecía no gustarle la gente latina…

Al saludarla por su nombre de pila, ella corrigió mi pronunciación y dijo, ningún hispano puede decir mi nombre correctamente. Eso fue suficiente ‘pólvora’ para encender mi curiosidad…

Sin perder compostura ni distancia, le pregunte la razón por la que ella trataba con hispanos. Ella dijo: ‘soy abogada de inmigración y la mayoría de mis clientes son mexicanos’.

Aprovechando el comentario, pregunté su opinión acerca del caso de la chica mexicana que había pedido refugio en Canadá, tras haber sido secuestrada y violada por narcotraficantes, que ahora la perseguían; solicitud denegada por Inmigración, posteriormente revertida por la Corte.

Su respuesta fue más o menos así: “¡Ay, esos mexicanos! Antes se quejaban del PRI, todos los problemas eran por el PRI; pero ese partido ya no está en el poder; en México no existe persecución política; la gente miente cuando argumenta eso para pedir refugio.”

Entonces (siempre con una sonrisa –servicio al cliente-, claro), en tono amigable, le dije: Es cierto, no existe persecución política, en eso estoy de acuerdo; pero eso no significa que no haya violencia, inseguridad y persecución por parte de criminales, en una nación donde la policía es tan corrupta como los jueces, y donde la ley se compra.

Y respecto a la tendencia a decir mentiras… Le expliqué, desde que vine a vivir a Canadá varios amigos me han escrito diciéndome que acudieron a una presentación “acerca de Canadá”, donde les prometen trabajo seguro y todos los trámites legales para emigrar; siendo en muchos casos despachos de abogados canadienses quienes hacen extensa publicidad en las principales ciudades de México para atraer incautos.

Eso no significa, añadí, que no existan también casos de personas que arbitrariamente entran a Canadá e inventan que son homosexuales y los han amenazado de muerte o que son perseguidos políticos, y solicitan refugio.

Ahí está el problema, pagan justos por pecadores. Lo grave del asunto es que las autoridades llegan a resoluciones contradictorias, ¿basadas en qué? Siendo ya México el país de origen de la gente que más refugio pide al gobierno canadiense (por no mencionar la sociedad comercial del TLC), sería conveniente que investigaran las condiciones reales que prevalecen en el país, para llegar a resoluciones jurídicas más justas. Y deberían llevar ante la justicia a esos despachos -aquí y allá- que abusan del desconocimiento mutuo entre los canadienses y los mexicanos.

Esto me recuerda esos matrimonios arreglados, donde se ‘arrejuntan’ dos personas sin conocerse, a ver si se va dando el amor con el tiempo…