Saturday, December 13, 2008

INDUSTRIA AUTOMOTRIZ, LA CAIDA DEL IMPERIO

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo

Por décadas, la industria automotriz de los Estados Unidos se convirtió en el motor del desarrollo en varias naciones y pionero de la globalización económica. Esta industria fue la primera en usar componentes fabricados en distintos países, empezando a perfilar nuevas formas de producir y comercializar a nivel mundial.

Si la Revolución Industrial en Inglaterra en el siglo XIX se distinguió por el nacimiento de la producción masiva de mercancías y la apertura de mercados en todo el planeta; la revolución generada por la industria automotriz americana desde mediados del siglo XX, dio pie a la estandarización de procesos de producción en todo el mundo.

La industria automotriz extendió las líneas de producción fuera de las fronteras nacionales. Los componentes son producidos en multitud de plantas distribuidas alrededor del mundo. Se crearon sectores enteros especializados en cada parte del vehículo; los fabricantes de llantas, espejos, motores, sistemas de suspensión, frenos, aires acondicionados, asientos, radios, escapes, etc.

Contando con un mercado altamente demandante, era necesario mantener esta ‘línea virtual de producción global’ funcionando 24/7, incluso eliminando el concepto de inventarios.

Todas las empresas encargadas de fabricar las partes del vehículo, sin importar en qué país se encontraban, tenían que operar con la misma eficiencia y calidad. Los americanos desarrollaron el concepto de Calidad Total y Mejora Continua, y más tarde adoptaron de la Unión Europea, los estándares mundiales de producción ISO 9000.

Como un reloj sincronizado en todo el planeta, las empresas localizadas en Asia, Europa, América o Medio Oriente, se mantenían activas día y noche; cada una elaboraba sus productos con perfiles milimétricamente exactos y eran enviados por mar, tierra o aire a las ensambladoras, con una exactitud en tiempos, que las piezas y los vehículos terminados no duraban ni horas en los almacenes.

Una de las premisas de la globalización es que no hay distancias geográficas, se abren plantas productivas en cualquier lugar en el mundo donde la mano de obra sea, aceptablemente calificada, y barata.

Esto concedió un poderío sin fronteras para las tres grandes armadoras americanas, que impusieron sus condiciones a cualquier país donde abrían plantas; los gobiernos se peleaban por ellas; ofreciendo terrenos gratuitos, exención de impuestos; lo que pidieran, con tal de abrir esta enorme máquina generadora de miles de empleos bien pagados.

Quizá falta de visión o simple arrogancia, hicieron que los tres grandes fabricantes de autos, no se dieran cuenta de los cambios en los mercados globales... Lo que empezó como un asunto insignificante está aniquilando la industria automotriz americana: La eficiencia energética y la conciencia ecológica. Y la falta de justicia laboral en su plantilla laboral.

El motor que hizo crecer a esta industria, una demanda sin fronteras, gasolina disponible a cualquier precio, es ahora su enemigo. Tras romper récords en lo alto de su precio, la gasolina ha visto una caída en picada, igual que la demanda de vehículos...

Esos automóviles enormes y de alto consumo han sucumbido a la competencia global de armadoras europeas y asiáticas, que tomaron conciencia de las necesidades del mercado, por autos más pequeños, con un consumo más eficiente de gasolina y que dañen menos el ambiente.

Usando la bandera del miedo, como siempre, las armadoras americanas de autos, como los bancos, afirman a los pueblos y sus gobiernos, que de no rescatarlos de la quiebra, todos nos hundiremos.

Pero en un mercado abierto a la competencia, gana el más fuerte, el más eficiente, el mejor… ellos ya no lo son. ¿Por qué no aprovechar esa infraestructura para la competencia, vender partes a aquellas compañías que si son eficientes y competitivas? Lo importante es generar empleos, no proteger empresas ineficientes. Y no tienen que ser americanas, eso es historia…

¡Viva el rey, muera el rey!

(http://www.elcorreo.ca/ )

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