Monday, November 28, 2005

¿EL FRACASO DEL SUEÑO DE UNA AMERICA UNIDA?

(Publicado en El Correo Canadiense)
Por Sergio Granillo


María Luisa, una mujer uruguaya con muchos año viviendo en Canadá, se acercó a mí recientemente en el banco y me dijo que estaba muy indignada con mi presidente, ella sabía que yo soy mexicano; pero se sorprendió cuando el dije que yo también.

Ella dijo que Vicente Fox parecía vocero de George W. Bush, al advertir que se realizaría un pacto comercial entre todas las naciones del continente, exceptuando Venezuela; esto en el marco de la reciente Cumbre de las Américas, realizada en Mar de la Plata, Argentina. Hasta el mismo Primer Ministro de Canadá, Paul Martin, declaró que en breve iniciarían las negociaciones para formar un gran mercado entre todas las naciones del Continente Americano.

Han pasado 11 años desde la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA en inglés), firmado por Estados Unidos, Canadá y México, muchas mercancías fluyen con gran libertad en la región, no así sus ciudadanos. Hoy resido en Canadá y me doy cuenta que lo único que se conoce de mi país son sus playas.

Otro ejemplo del fracaso rotundo de ese sueño “guajiro” (término usado en México para fantasías producto de ciertas drogas) de las Américas unidas es la “Canadian Experience”, que no es más que una aberrante política laboral discriminatoria; además es violatoria de los acuerdos negociados en el NAFTA, donde se previó la paulatina homologación de los procesos productivos y de igual manera en programas de educación, que facilitarán la integración comercial de las tres naciones.

A 11 años de distancia, cuando en teoría ya se deberían haber abierto totalmente las fronteras desde Alaska hasta Cancún, sigue irguiéndose en el medio el nuevo “gran muro” de 50 estrellas: Estados Unidos se ha constituido en un dique infranqueable entre Canadá y América Latina; de tal forma que para Canadá sería más factible hacer bloque comercial con Asia, Europa o Medio Oriente, que al Sur del continente.

Siglos atrás, a principios del XIX, el venezolano Simón Bolívar, ya soñaba con la unidad de todos los países de América Latina, y sencillamente no se ha dado, quizá más por falta de actitud solidaria que por razones económicas -como explican algunos economistas en el sentido de que naciones que ofrecen los mismos recursos no pueden complementarse-.

Sin embargo, desde las últimas décadas del siglo XX, la creciente hola de inmigrantes de países latinoamericanos hacia los Estados Unidos ha venido consolidando una nueva generación con un poder económico y político de enormes proporciones: el LATINO POWER.

Quizá sin planearlo, todavía sin un liderazgo consistente, los inmigrantes latinoamericanos en la Unión Americana, conocidos allá como hispanos o latinos constituyen ya la primera “minoría” de esa nación y su creciente presencia en programas gringos de televisión, o como cantantes y actores en producciones de Hollywood, van ejerciendo una enorme influencia a nivel mundial.

Su presencia internacional se nota hasta en la cocina, como se ve en la creciente presencia de productos como chile, tortilla, burritos, tacos, quesadillas, tequila, guacamole, etc., por referir algunos de los productos y palabras que empiezan a aparecer en varios menús de restaurantes y supermercados en todo el mundo.

Canadá, sin embargo, parece todavía muy alejada de esa influencia, de hecho los canadienses y los inmigrantes de otras latitudes identifican a las personas provenientes de América Latina como “Spanish”, que ciertamente está constituyéndose en uno de los idiomas más utilizados en el mundo entero. Por lo menos en Toronto, es más factible escuchar a la gente hablar español o mandarín que francés…

Más que la posibilidad de crear un bloque comercial de las Américas, podría repetirse el fenómeno que en la época del Imperio Romano ocurrió entre Grecia y Roma. Los romanos eran dueños del poder militar y político, pero al pretender someter a los griegos, a final de cuentas se fusionaron, quedando bajo la influencia cultural griega…

El poder de una cultura es más grande el poder militar, político o económico; tiene que ver con las convicciones más profundas, con el sentido que se le encuentra a la vida. Un ejemplo es la gran influencia de la música, como la salsa, los boleros, las gruperas, las rancheras, hasta el reggaetón o reguetón, que arrastran con su alegría; o la vastedad de alimentos de nuestros países, las creencias religiosas, la unidad familiar, la capacidad de trabajo, la “cuatitud”, el calor latino; todo esto puede acabar dominando a las barras estrelladas y a la hoja de maple…

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