Saturday, July 01, 2006

DOS VECINOS TOMAN CAMINOS DIFERENTES…

(Publicado en El Correo Canadiense, www.elcorreo.ca)

Por Sergio Granillo

Como hispanos compartimos una cultura, una raza, una lengua, y nos sentimos orgullosos de formar parte de ella. Hemos superado muchas diferencias, asumimos el reto de fundir diversas nacionalidades en un solo denominador, fusión que en Estados Unidos ha dado fortaleza política y económica a los “latinos”.

La comunidad hispana en Canadá es todavía pequeña comparada con los vecinos del Sur, pero constituimos un grupo reconocido en una sociedad multicultural. ¿Qué papel jugamos dentro de un mosaico social compuesto por diversos grupos sociales, que a su vez está inmerso en otra sociedad que asume el papel de receptora, de original propietaria de la identidad “canadiense”?

Siendo parte de Norteamérica, Canadá está redefiniéndose como nación ante el mundo, creando una imagen de apertura, tolerancia, desarrollo, pero sobre todo de un crecimiento sustentado en un gran flujo de inmigrantes provenientes de todos los rincones del planeta.

Esta multiculturalidad puede generar muchas oportunidades de crecimiento, pero también representa importantes retos, particularmente en un mundo que tiende a una extraña “neo-bipolaridad”, ya no basada en los modos económicos de producción (capitalismo y socialismo), sino en fundamentalismos religiosos. Esta nueva dualidad o rivalidad entre el mundo musulmán y el cristianismo.

Mientras que en las llamadas culturas occidentales, Europa y América, predomina un debilitamiento de las instituciones religiosas, la fe musulmana no sólo asienta su extremismo, sino que está alimentando una especie de guerra religiosa, que busca venganza contra todas aquellas naciones que soporten la invasión encabezada por los Estados Unidos y la Gran Bretaña.

Canadá está siendo vulnerada por el descubrimiento de infiltraciones ideológicas extremistas, que al parecer estarían generando grupos terroristas en su territorio.

La difusión mundial de ideologías extremistas de alto riesgo, como el terrorismo, es algo que no se contemplaba dentro de la globalización económica y la revolución tecnológica de las telecomunicaciones, particularmente la Internet.

La cercanía geográfica y cultural entre Canadá y los Estados Unidos ha conducido a la sospecha de una vinculación entre la apertura migratoria y la vulnerabilidad de la seguridad nacional en ambos países.

Para la sociedad canadiense resultó absurda y sorpresiva la paranoica reacción de algunos líderes políticos de Estados Unidos ante la reciente aprehensión de 17 personas que presuntamente forman parte de células terroristas en territorio canadiense.

Los vecinos del sur calificaron a Canadá como nación que auspicia y alberga grupos terroristas. Una cruzada diplomática ha tratado de explicarles que dicha detención significa un éxito de los cuerpos de inteligencia canadienses, pues se llevó a cabo antes de un ataque, y que no se trata de un fracaso de la apertura a la inmigración.

Estados Unidos ve una amenaza en los flujos migratorios, que no han podido controlar ni legalizar. Canadá reconoce las fortalezas y beneficios de los inmigrantes, y de la apertura y la tolerancia.

Los vecinos empiezan a separarse en dos rutas muy distintas hacia el futuro, las consecuencias en las respectivas economías, la calidad de vida, la convivencia y la paz social, son notorias.

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