Friday, May 06, 2005

EL CONFORMISMO E INDIVIDUALISMO DEL MEXICANO

(Publicado en El Correo Canadiense)
EL CONFORMISMO E INDIVIDUALISMO DEL MEXICANO
Por Sergio Granillo
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Las culturas cambian, pero no siempre evolucionan, existe el riesgo de caer en un proceso degenerativo, quizá por envejecimiento o por contaminación, de una manera muy similar a la del cuerpo humano. Para muchos analistas el problema de México, más allá del fracaso del anhelado cambio en el régimen de gobierno, es justamente su decadencia cultural.

Muchos se rasgan las vestiduras y enarbolan los legados milenarios de Aztecas, Mayas y otros grupos prehispánicos; o bien, hablan de la herencia de la fusión española e indígena, de las pirámides, las vetustas iglesias, los grandes escritores y pintores, etc.

Sin embargo, cultura es mucho más que historia, arte y pasado, es algo vivo; es todo aquello que caracteriza a un pueblo, su estilo de afrontar la vida, de convivencia social, de ver el mundo y verse a sí mismos. Y claro, también tiene qué ver la herencia histórica, pero sobre todo lo que conservamos de ella, no lo que se ha perdido.

¿Qué ha perdido la cultura mexicana? Honestidad, respeto a la autoridad, respeto a la vida humana, solidaridad, amor a la patria, amor a la familia, orgullo nacional y regional.

Esto nos lleva a pensar en si la democracia, al menos como se ha desarrollado en México, ha chocado con sus valores culturales, o es que la “maldad” se infiltró y corroyó las instituciones, de tal forma que olvidado el bien común y el amor a la patria, motivado por la ambición de poder y enriquecimiento fácil, trajo en consecuencia la falta de credibilidad en las instituciones de parte de la sociedad.

Creíamos que sacando al PRI del gobierno, el barco se enderezaría, pero no fue así, se fue a pique con más rapidez y mayor cinismo. Entonces, descubrimos que nuestro problema no es quien detenta la autoridad, sino que hay cosas más profundas.

Pudiera ser quizá que las recurrentes crisis económicas hayan generado tal perdida de valores, que -como si fuera una selva-, ahora el único reto de la sociedad, bueno de los entes que comparten un cierto límite territorial (pues suelen actuar de manera inconexa y desorganizada), es satisfacer sus necesidades básicas, sin más límite que su astucia para robar, engañar o abusar de alguien más débil o menos astuto.

Claro, esto no ocurre abiertamente en todo el país, pero empieza a verse como algo “normal”, algo que sucede en todos lados, algo que es “natural”.

De acuerdo con un estudio de Federico Reyes Heroles, existe una profunda relación entre legalidad y desarrollo económico, pues en un Estado corrupto, las posibilidades de mejoría de la calidad de vida de su población se ven empañadas. Y la legalidad está condicionada al factor confianza, entre las personas, entre gobernantes y gobernados; “confianza es la argamasa sin la cual es imposible que la edificación social crezca y se sostenga”.

Y asegura que los mexicanos debemos enfrentar una dolorosa realidad, que nosotros no confiamos en nosotros mismos, no nos agrupamos para enfrentar problemas comunes. Somos indiferentes ante la desgracia, la miseria o el dolor del prójimo. Esto tiene que ver también con la laxitud de la antaño sólida religiosidad mexicana.

Al hábito importado de considerar las creencias y los valores como una mercancía que podemos adquirir o no, usar o no, se le agrega la impunidad, pues el caldo de cultivo es una creciente delincuencia, que al paso del tiempo va generando una cultura en donde los jóvenes y niños dan por hecho que no hay castigos, que “sabiéndose mover” o contando con dinero la ley no aplica o aplica en su favor.

Se crea esta dicotomía “ganar-perder”, donde para yo ganar, alguien tiene que perder, o viceversa, entonces, esa es la única ley que vale, y así, se acepta, se “apoquina”, sin chistar, sin queja. La vida es como un juego, como aquel típico juguete mexicano de “la perinola”, donde cada quien, en su turno, gira el manguito de la pequeña peonza con seis caras, y si te sale “todos ponen”, “toma todo”, “pon uno”, “toma uno”, “toma dos” o “pon dos” de acuerdo a lo que la suerte nos quiera ofrecer.

Así como ocurre con la añeja relación de dominio centralista político, existe el dominio patronal, es decir aquella medieval cultura de sometimiento a quien percibimos como superior, porque siempre hay alguien más arriba y alguien más abajo, al primero hay que alabarlo (para que se “moche”, nos reparta algo), al de abajo hay que explotarlo “por ser jodido”.

¿A dónde nos dirigimos, como cultura? Aunque parece exagerado el análisis, es una realidad que lentamente va invadiendo todos los rincones de nuestra sociedad, donde conformismo e individualismo, se entrelazan y se repiten, afirmando las perversiones más lamentables de lo que era una cultura rica, generosa y amigable.

2 comments:

Arturo_Fuk said...

Hasta que veo un análisis coherente de la realidad de nuestro país, es el mejor análisis que he visto te sacaste un 10 amigo =)

Roberto Carrizosa B. said...

Sergio, intentando encontrar las razones del "conformismo" de los mexicanos que no logro comprender y que sale fuera de toda lógica al no tener respuesta en una página que creé denominada "FRENTE COMUN DE RESISTENCIA CIVIL INTELECTUAL" en FaceBook, me tope con este magnífico artículo que escribiste en el año 2005, felicidades me gustó mucho.