Thursday, May 26, 2005

INTERVENCIONISMO AMERICANO

(Publicado en El Correo Canadiense)

INTERVENCIONISMO AMERICANO
Por Sergio Granillo

“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, dijo hace un siglo el famoso dictador mexicano Porfirio Díaz. Desde entonces se visualizaba una eternidad de conflictos fronterizos, pues no es fácil colindar con la nación más poderosa del mundo.

Al paso de los años, el vecino del Norte se fue consolidando como una potencia económica, militar y política, posición que se reforzó al término de la Guerra Fría, que culminó con el sueño comunista de la Unión Soviética.

Para la mayoría de los mexicanos, crecer a la sombra de los Estados Unidos es algo dado, que se manifiesta en una cosmovisión muy peculiar: “el extranjero” suele ser solamente la Unión Americana, por supuesto todos son malos o tontos, todas las personas caucásicas son automáticamente vistas como “gringos”.

Algunos más instruidos, particularmente en universidades públicas imaginan un monstruo, enemigo de las causas sociales, donde todos son ricos, claro, salvo los mexicanos que están allá y, claro, los “negros”… que como recientemente dijo el mismísimo Presidente Vicente Fox: “a los mexicanos en Estados Unidos los ponen a hacer trabajos que ni los negros quieren”… O sea, hasta el primer mandatario mexicano ve en la sociedad americana tres estratos: los gringos (todos ricos), los negros (pobres) y los mexicanos (de plano, jodidos).

Y bajo la influencia de la ideología soviética, alimentada –paradójicamente- por el fantasioso mundo del cine de Hollywood, algunos intelectualoides y profesionistas de poca cultura ven en los Estados Unidos un monolito, donde los hombres más ricos del mundo (que claro viven en Nueva York) se reúnen para planear de común acuerdo como hacerle daño a México.

La frontera México-Estados Unidos es considerada una de las más extensas del orbe; por sus 3,152 Km. de largo transitan, predominantemente de manera ilegal, un promedio de 250 mil mexicanos al año.

En realidad, con todo y su frontera, sus migrantes, su tambaleante economía y sus fantasías, México representa para los Estados Unidos un asunto de seguridad nacional, y por mucho tiempo se ha inmiscuido en muchas decisiones políticas y, predominantemente, económicas, que finalmente tienen más peso.

No dudo ni un momento del poderío del Gobierno de Estados Unidos, ni del papel que juegan las grandes corporaciones de esa nación, pero me pregunto si en estos momentos sus “tentáculos” intervencionistas realmente tienen el poder que anteriormente tenían, si sus ejercicios de inteligencia militar son tan confiables; si hay consensos absolutos con los corporativos, pues los grandes capitales no son exclusivamente de origen estadounidense, pues con el rejuego globalizador, han surgido poderosas firmas asiáticas, europeas y, claro, del Medio Oriente.

Me parece que el fin de la Guerra Fría y la globalización económica, en la actualidad, han dejado atrás aquel férreo control político-militar de los Estados Unidos, pues los mismos muros soviéticos permitían escenarios más previsibles y controlables; los intereses ahora se mueven por la búsqueda de mercados.

Sin fronteras ideológicas ahora las “guerras” son de carácter comercial, los intereses económicos se han diversificado, el gran motivo de las acciones de las grandes potencias radica en la conquista de mercados y los esfuerzos de inteligencia se dirigen a tales fines, claro, también sin escrúpulos. Como ocurrió con las invasiones de Afganistán e Irán, la lucha es por el control de energéticos, que juegan un papel definitorio en la consolidación de las grandes economías, lo demás –incluido el terrorismo- es demagogia barata.

Así las fantasías de “malosos gringos” que sólo piensan en controlar a los mexicanitos, es parte del pasado; los villanos de ese nuevo siglos tienen rostros diferentes, armas distintas; los soldados, o “privates” como les llaman los americanos, son piezas reemplazables (finalmente muchos de ellos son inmigrantes), parte de un show hollywudezco, para meter algo de miedo y sostener la falacia del intervencionismo norteamericano.

Dejando en el desorden y, en casos como el mexicano, la parálisis económica, pues ya sin fronteras gracias al avance tecnológico, las distancias son lo de menos, la cuestión es disponer de mano de obra barata y un mundo –literalmente- de mercados. La idea entonces sería, parafraseando la frase porfiriana: “¡Pobre México, tan lejos de Dios, tan cerca de los Estados Unidos e indefenso ante la economía global… exporte y exporte, mexicanos!”.

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